18 feb. 2011

Revista de Revistas/Número 430 México, julio 28 de 1918

En portada: La célebre tonadillera PAQUITA ESCRIBANO, que acaba de presentarse ante el público de México. (Apunte del natural, ejecutado esecialmente para este semanario por García Cabral)

En la sección de crónicas teatrales del número 430, julio 28 de 1918, cabe mencionarr el artículo de Manuel Bueno nombrado Canzonetistas y bayaderas. (p.21)

Es posible que la rivalidad intelectual entre los dos sexos se haga en otros países más frecuente de día en día. Hasta en el dominio profesional habrá de ser la competencia de la mujer más temible para el hombre. La influencia pedagógica, que era antes casi nula sobre el bello sexo, tiende a emanciparlo poco a poco de nuestra tiranía, habituando a la mujer al uso independiente de sus sentidos. ¿Es eso un bien o un mal? ¿Conviene que Eva pase por las aulas o que permanezca recluida en su infantil inconsciencia? ¿Somos ¿por qué disimularlo partidiarios de una solución ecléctica. Queremos que la mujer sea inteligente y no disparate sino en circunstancias razonables; pero nos asusta la probabilidad de que llegue a descubrir algún continente filosófico.

En España, la pedagogía no ha hecho grandes estragos en la mentalidad femenina. Nuestras mujeres resisten con varonil intrepidez las tentaciones de la cultura. Leen lo muy preciso, evitando el interpretarlo a derechas, sin duda porque presienten el peligro que se esconde detrás de las definiciones concretas. Ellas prefieren luchar con sus armas naturales, la belleza y la seducción, que no han sido forjadas en la universidad. Entre difundir una ciencia insuficiente e interna o afirmar la soberanía de la belleza, se atiene a lo último. ¿Por qué hacerse profesoras e institutrices, cuando un movimiento de caderas más o menos cadenciosos y unos alaridos disciplinados a medias por el director de orquesta, pueden abrir el camino de la fortuna?

En otros países, la guerra ha monopolizado la energía del hombre, ha condenado a la mujer a suplir su actividad pacífica en fábricas y talleres. Aquí no se trata de eso. Por fortuna, la guerra no se ha extendido a España. Aquí las gentes pueden seguir consumiéndolo todo sin tasa, indiferentes a la amenaza de la invasión y de la carestía. Nuestra fuerza consiste precisamente en eso: en no sentir la guerra, en no participar de sus sobresaltos y sus angustias. Este panorama espiritual que pudiera definirse como el más honesto aspecto del egoísmo heroico, asigna a la mujer deberes que no está obligada a cumplir en fábricas, hospitales y talleres, sino en la calle, en el restaurante, en el teatro y frecuentemente en la intimidad del hogar. Ya que no sean profesores, ni contables, ni enfermeras, ni comerciantes, ni operarias, serán bayaderas y canzonetisas. ¿Qué se necesita para eso? Una mediana voz y un regular palmito, mejorado por cierto desenfado que, sin confundirse con el impudor, lo recuerde a menudo. ¿Qué facultades líricas tiene la mayoría de esas señoritas que se exhiben cantando coplas picantes en nuestros escenarios?¿Cuáles son sus recursos artísticos? La belleza, la gracia y el desparpajo, que tanto encienden al hombre, hablándole a los sentidos. Yo estoy lejos de menospreciar esos medios de placer y de seducción. El canto y la danza, al asociarse, consuman la reconciliación del ensueño y la sensualidad. Dan alas a la fantasía y enardecen el instinto sexual. La observación no es mía, sino de Nietzche, que ha ahondado en el problema al estudiar los orígenes de la tragedia.

Esa armoniosa alegría interior, que fue primitivamente como una embriaguez de los sentidos, hasta que los griegos mitigaron su violencia mediante la transfusión del espíritu apolíneo a la sensualidad grosera; ese regocijo del hombre ante la Naturaleza, que le recrea con el movimiento y el color y le subyuga con la lírica es para el hombre un poderoso sostén que le ayuda a conllevar la monotonía de la existencia. Los místicos al combatir aquella fuente de goces no erraban . Prívese a los pueblos de sus cantantes y sus bayaderas, y el pesimismo se difundirá en las almas como una epidemia. Ese arte es pues, saludable y necesario. A España le ha reservado el destino la misión de movilizar ese espléndido mujerío que nos tocó en suerte por designios de la Naturaleza en todos los tablados del mundo.

Esas hembras bellas y desenfadadas son los mejores voceros del prestigio nacional. Por ellas se nos admira más que por nuestros caudillos y nuestros pensadores. El dogma que propagan con sus cancines y sus gallardeos es sagrado, porque va al encuentro del pesimismo, ácido disolvente de la vida.

Además la mayoría de esas mujeres carecen del orgullo de la castidad, ventaja nada desdeñable. Son humildes, puesto que, después de divertir al hombre, le revelan sin grandes resistencias, todos sus íntimos secretos. ¿Qué luego los arruinan? Aun en ese caso cumplen una misión cultural, porque permiten al hombre pasar de la opulencia a la miseria y la transforman, de parásito elegante, en obrero útil.

La pedagogía que se desprende del tablado es, si no la más ortodoxa, la más pintoresca por sus imprevistos resultados. Yo estoy seguro de que el porvenir de España está en sus mujeres que se hacen pagar tan cara una canción o un ritmo de su cuerpo como una de sus codiciadas caricias. Además recuérdese que la canzonetista y la bayadera son de los pocos artículos exportables que nos permiten hacer airoso el papel en el mercado mundial.

Madrid, junio de 1918

2 comentarios:

  1. Me llamó mucho la atención este artículo, en el que se hace referencia a la mujer como un mero objeto sexual y de alguna manera deja entrever este estereotipo de que la mujer está "limitada" a ciertas tareas...

    ResponderEliminar
  2. Muy bien. Sube tu estructura del estudio de caso que estuvimos trabajando en clase el otro día.

    ResponderEliminar